Bajó las escaleras, atraída por la música, que era, prácticamente, un lamento. Sus pisadas resonaron en el mármol de los escalones y en el tenue y solitario vestíbulo.
En el salón, una espalda vestida de negro destacaba entre las sábanas blancas que cubrían todos los muebles, excepto un espejo, de marco dorado ornamentado, que reflejaba la figura de un hombre joven que sujetaba el violoncello que gemía aquella melodía.
Frotaba sus cuerdas lentamente, como una suave caricia y el violoncello gemía de placer…Un placer triste, lastimero, bello…una oda a la tristeza que la embriagaba por completo y la sumergía en un mar gris, lleno de paz.
Observó desde el umbral, de pie, sin moverse, disfrutando de la música.
El hombre seguía arrebatando gemidos al instrumento, disfrutando también de la melodía. Sus ojos estaban cerrados mientras ponía toda su atención en las notas. El cabello largo y castaño le ocultaba parte del rostro, que se contraía en gestos de dolor bajo los bucles, pero no cesaba de tocar…
Caminó despacio hacia él, sin dejar de mirar el rostro que reflejaba el espejo, sin dejar de deleitarse con cada nota, con cada susurro de tristeza. Posó su mano sobre el hombro del joven y la cerro, aprentando suavemente.
El joven levantó la vista repentinamente y el gemido del violoncello desapareció.
Vio en el espejo que no estaba solo. A su reflejo lo acompañaba el de una joven de tez blanca y pelo oscuro que le caía suelto sobre la cintura, atabiada con un camisón blanco, mirándolo con una sonrisa triste. Levantó lentamente la mano para agarrar la de la joven, sin dejar de mirar el reflejo. Sin embargo, en su hombro no había ninguna mano, a pesar de que en el espejo veía cómo posaba la suya sobre la de ella.
Miró atrás, en un gesto rápido y desesperado, pero allí no había nadie...Estaba solo en la estancia cubierta de sábanas, con la única compañía de su reflejo, también solo en el espejo, y su instrumento.
El violoncello volvió a gemir, frotadas sus cuerdas por el joven, cuyos bucles no pudieron ocultar las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Y siguió tocando, con los ojos cerrados y las mejillas mojadas, surcadas por lágrimas al compás del triste canto del violoncello.

Tanto tiempo encerrada en esta jaula…He perdido la noción del tiempo...Hace tanto que no veo la luz del sol que mis ojos se han vuelto opacos…He intentado tantas veces reparar mis alas que mis dedos están llenos de cicatrices y el hilo con el que las cosía se ha deshecho en mis manos, las agujas las he clavado en mis muñecas y he soñado con escapar de esta cárcel al morir. Pero todo ha sido en vano…
Sólo el viento me hace compañía en este cautiverio. Amigo cruel que me balancea sobre el vacío, empujando con fuerza esta jaula y mermando aún más mis fuerzas.
Me siento sola…Sin nadie que seque mis lágrimas, sin nadie que consuele mi alma, sin nadie que alivie el dolor en mi pecho…Sin el sonido de una voz que me hable, sin el tacto de unas manos que me abracen. Sola…Encerrada en esta jaula, castigada por ser yo, aislada por mí misma, por no saber controlar mis sentimientos. Dejada de la mano de la compañía a la que la gente aspira, por ser una carga de lamentos y sufrimientos…Sola…
Tantas veces me he preguntado qué hay de malo en mí, qué es lo que me hace tan monstruosa y no veo. Qué es lo que ven en mí que les hace apartarse y huir…¿Qué defecto tengo? Físico o psíquico…¿Qué tipo de ser soy que merezco estar encerrada en esta jaula de la que, por mucho que lo intento, no consigo escapar? ¿Qué horrores he cometido para estar colgada sobre el vacío? ¿Ni si quiera un monstruo como yo merece que le den cariño y compasión? Sólo patadas y aislamiento…Ni si quiera me dejan morir en paz.
Creí
haber arreglado mis alas y soñé con salir, con volver a sentir el viento…Pero, al
intentar volar, caí al vacío…

Y la he metido en la historia...En fin...
Sé que es una tontería...Pero es que me salieron solos



